
Una investigación del académico Ariel La Paz, del Departamento de Control de Gestión y Sistemas de Información de la FEN U. de Chile, y la investigadora postdoctoral Mónica Stambuk identificó las trayectorias académicas personalizadas como un factor determinante para reducir el abandono en la educación superior. El estudio, titulado Designing Academic Trajectories in Higher Education: A Personalized Approach to Address Student Diversity, analizó dimensiones académicas, socioeconómicas y emocionales de los estudiantes de pregrado, y propuso un modelo conceptual que vincula esos factores con la planificación curricular para apoyar decisiones académicas más informadas.
La investigación se desarrolló en dos etapas. La primera definió un marco ontológico con cuatro dimensiones —nivel socioeconómico, rendimiento académico, habilidades emocionales y dedicación—, que identificó más de 50 perfiles estudiantiles y sus combinaciones con la carga académica. La segunda recogió evidencia empírica mediante una encuesta a gestores académicos de universidades de Chile, España, Perú, Ecuador, Bolivia y Paraguay, aplicada entre noviembre de 2024 y marzo de 2025.
Los resultados mostraron que el 78% de los encuestados identificó las dificultades financieras como una de las principales causas de deserción, y señaló que las becas disponibles resultan insuficientes. El 72% indicó que los estudiantes con obligaciones laborales o personales presentan mayor riesgo de abandono, y el 64% constató dificultades de adaptación al entorno universitario durante los primeros semestres. Los factores emocionales (estrés y falta de motivación) también incidieron negativamente en el desempeño, según el 43% de los encuestados.
La sobrecarga académica emergió como otro problema frecuente: el 58% de los encuestados la calificó así, y el 53% señaló que los estudiantes tienen dificultades para definir sus propias trayectorias, lo que deriva en retrasos o abandono. Al elegir cursos, los estudiantes priorizan una carga de trabajo equilibrada (88%), la compatibilidad de horarios (74%) y la dificultad de las asignaturas (69%), lo que refleja la presión que enfrentan al planificar su avance curricular.
El 89% de los encuestados sostuvo que un modelo de asesoría adaptado a las características individuales de cada estudiante mejoraría el rendimiento y reduciría la sobrecarga. Sin embargo, solo el 35% de los programas consultados contaba con estrategias de asesoría personalizada. «El estudio pone énfasis en que las universidades operan bajo un modelo que asume trayectorias estándar, en un contexto donde la diversidad es la norma», señaló Stambuk. «El resultado es predecible: decisiones académicas subóptimas, sobrecarga, retrasos y, finalmente, deserción de una población estudiantil de mayor riesgo multidimensional.»
La investigación concluyó que avanzar hacia sistemas de apoyo basados en datos, que consideren el perfil del estudiante y anticipen riesgos, se vuelve una necesidad institucional. «El aumento en la oferta académica de las últimas décadas trajo también una gran heterogeneidad de realidades de los estudiantes a programas diseñados para perfiles homogéneos», indicó La Paz. El estudio advirtió que sin intervenciones personalizadas esa brecha sostendrá las tasas de abandono.
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