
Una investigación publicada en Social Science & Medicine midió el impacto del acceso a liquidez sobre el bienestar mental de quienes retiraron ahorros previsionales en Chile. El efecto fue especialmente significativo en mujeres y en personas con alta carga de deuda.
El acceso a liquidez durante una crisis económica no solo tiene consecuencias financieras: también incide en la salud mental de las personas. Esa es la conclusión central de un estudio del académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile, Fabián Duarte, junto a Álvaro Jiménez (Facultad de Psicología y Humanidades, Universidad San Sebastián), publicado en la revista Social Science & Medicine.
La investigación analizó el efecto de los retiros extraordinarios de fondos previsionales, aprobados en Chile durante la pandemia de COVID-19, sobre la probabilidad de presentar síntomas depresivos en la población. Los resultados muestran que quienes realizaron retiros registraron una reducción en esa probabilidad, con un impacto diferenciado según grupos: el efecto fue mayor en mujeres y en personas con alta carga de deuda.
“Si bien la política de retiro de fondos de la AFP fue una medida que se aplicó para ayudar a las familias a sobrellevar los efectos económicos de la crisis sanitaria derivada de la pandemia, este estudio revela que el beneficio excedió la esfera económica. Como bien muestra nuestro estudio, para muchas personas, especialmente mujeres y hogares endeudados, ese dinero representó una reducción real del estrés y síntomas depresivos”, señala el profesor Duarte.
Los hallazgos plantean una pregunta de fondo sobre el diseño de las políticas públicas: si las condiciones económicas, en particular la presión financiera y la incertidumbre, tienen efectos directos sobre el bienestar mental, las respuestas de política en contextos de crisis deberían considerar explícitamente esa dimensión. El estudio sugiere que mecanismos de acceso a liquidez pueden operar no solo como alivio económico, sino también como factor protector de la salud mental, especialmente en los grupos más vulnerables.
El desafío, concluyen los autores, es avanzar hacia políticas públicas que integren la salud mental como un componente central del bienestar económico, y no como un objetivo sectorial separado.