Estudio del académico Harold Contreras revela que la adopción de una regulación más estricta redujo el uso de información privilegiada en EE.UU.

La investigación concluye que, tras la promulgación de la Ley Sarbanes–Oxley (SOX, 2002), los ejecutivos y directivos (insiders) rara vez vendieron acciones basándose en información privada; en cambio, se apoyaron en la interpretación de datos públicos y en señales del mercado, muchas veces en sintonía con los vendedores en corto. Aun así, sus transacciones siguen siendo rentables.

Las transacciones de acciones con información privilegiada siempre han estado en el centro de la polémica en los mercados bursátiles a nivel global, ya que implican el uso de información que no está disponible para otros participantes.

Cuando un ejecutivo sabe que los estados financieros de su empresa son fraudulentos, y que esta información saldrá a la luz prontamente, tiene todos los incentivos a vender su participación accionaria antes de que esa información sea pública. Esto perjudica a los demás inversionistas, entre quienes se encuentran las personas individuales e instituciones intermediarias como fondos de pensiones y fondos mutuos, que administran el ahorro e inversión de millones de personas.

Por ello, los reguladores buscan limitar las operaciones basadas en información privilegiada, con el fin de mitigar sus efectos adversos en el mercado. Sin perjuicio de ello, los ejecutivos, directores y empleados de empresas (insiders) pueden comprar o vender las acciones de su propia firma, pero deben informar estas transacciones al regulador.

“En este contexto, la literatura académica se ha preguntado: ¿Las operaciones de insiders son beneficiosas o perjudiciales para el desarrollo de los mercados? Y, cuando transan, ¿lo hacen con información privada (ilegal), con información pública, o simplemente por motivos de liquidez?”, señala Harold Contreras, académico del Departamento de Control de Gestión y Sistemas de Información, quien junto a Jana Fidrmuc y Roman Kozhan, ambos de la Universidad de Warwick, abordan estas interrogantes en el estudio “Insiders’ Information Advantage: Evidence from Competition with Short Sellers”, recientemente publicado en Journal of Financial and Quantitative Analysis (JFQA).

El análisis se centra en las operaciones de insiders en Estados Unidos después de la Ley Sarbanes–Oxley (SOX, 2002). Utilizando información pública sobre transacciones de insiders en 6.046 empresas estadounidenses que cotizan en bolsa, desde julio de 2006 hasta diciembre de 2017, el estudio revela que, tras la implementación de la ley, los insiders rara vez vendieron acciones, usando información privilegiada.

En cambio, los ejecutivos y directivos aprovechan los desajustes temporales de precios tras los anuncios de resultados, logrando así obtener ganancias. Estos operan, en muchos casos, en línea con los vendedores en corto, otro grupo de inversionistas sofisticados, que venden activos prestados esperando recomprarlos más barato y ganar con la diferencia.

La investigación destaca que antes de la ley los insiders vendían acciones basándose en información privada y material no divulgada. Posterior a ella, han evitado operar con información privilegiada por temor a las sanciones legales.

El académico Harold Contreras sostiene que este estudio es importante porque “muestra que la regulación ha sido efectiva en cambiar el comportamiento oportunista de los insiders, quienes ya no hacen tanto uso de información privilegiada al transar. Ahora compiten con inversionistas más sofisticados, como los de ventas cortas, para aprovechar las sobrerreacciones del mercado”.

La disminución del uso de información privilegiada “no sólo fortalece la transparencia en los mercados de capitales, sino que contribuye en hacerlos más eficientes”, agregó.