Trifecta de desaceleración global (II)

* Publicada el 23 de diciembre en Diario Financiero

 

En mayo de este año planteé el riesgo material de una desaceleración sincronizada y significativa de Estados Unidos, Europa y China. En los meses posteriores, los ajustes al crecimiento mundial fueron confirmando este escenario. La restrictividad creciente de las políticas monetarias de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y el Banco Central Europeo, en conjunto con el lento regreso a la movilidad en China, se visualizaban como suficientes para llevar al mundo a una situación compleja en términos de crecimiento en 2023.

 

La más reciente proyección de crecimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) apunta a algo en torno a 2,5%, pero sustentada en una expansión de 1% para EEUU y de 0,5% para Europa. Ambas lucen optimistas, incluso para los miembros de la Fed y la Comisión Europea que presentan proyecciones bastante inferiores. Tener contracciones importantes del PIB en ambas economías ya no es un riesgo, sino más bien el escenario base.

 

Es altamente probable que el próximo año el mundo tenga un crecimiento cercano a 1%. Esto sería menos de la mitad de lo que actualmente proyecta el FMI, constituyendo el segundo más bajo de los últimos 40 años, luego de la modesta expansión de 0,7% del recordado 1982, un año memorable para todos los chilenos, excluyendo los años 2009 y 2020 cuando el PIB mundial cayó.

 

El impulso externo para la economía chilena aún tiene correcciones a la baja por recibir. Dado el rezago usual de los organismos internacionales, las nuevas proyecciones se revelarán en los meses que vienen.

 

Nuestro Banco Central (BC) en su último IPoM contempla un escenario de crecimiento mundial con grados mayores de sinceramiento, pero aún a distancia de lo que se avecina. En este contexto internacional, Chile crecería 2,4% en 2022 y tendría una contracción de 1,3% en 2023. Lo anterior es compatible con una economía que tendría una expansión sobre carry over o efecto base de 2% (positivo). El “verdadero” crecimiento del PIB que anticipa el BC para 2023 es, entonces, ese 2%.

 

¿Es lograble ese porcentaje? Sí, pero parece muy optimista a la luz del cuadro externo señalado. Adicionalmente, cuando miramos la situación interna, ciertamente el acuerdo por una nueva Constitución tiene enorme potencial para disminuir la incertidumbre (ya se ha reflejado), pero queda aún camino antes de tener mayor confirmación. Asimismo, las reformas estructurales en tramitación en el Congreso también son una fuente de incertidumbre que se despejará lentamente. Los consensos técnicos y políticos se lograrían muy entrado 2023, cuando el partido esté en su último cuarto.

 

Si la contracción de la economía chilena se encamina a ser significativamente mayor a la esperada por el consenso del mercado y la autoridad monetaria, entonces también deberíamos esperar un reconocimiento de la astringencia monetaria acorde con dicha proyección. El anclaje de expectativas inflacionarias requiere algunos ingredientes para lograrse en esta coyuntura: un dato inflacionario opaco que consolide de manera robusta lo que todos los fundamentales vienen señalando hace meses; nuevos sinceramientos del crecimiento mundial y local, así como consenso político para permitir que la situación fiscal se asiente alejando el fantasma de ayudas universales o nuevos retiros de fondos previsionales.

 

Jorge Selaive
Académico Depto. Administración