Reestructuración corporativa en tiempos de incertidumbre económica

* Publicada en Diario El Sur

 

Hoy en Chile las empresas están inmersas en un entorno de deterioro de la economía que se caracteriza por una alta tasa de inflación y bajo crecimiento. Es en estos escenarios se incrementa la probabilidad de que una empresa necesite llevar a cabo un proceso de reestructuración corporativa para ser viable financieramente. Por ejemplo, Latam Airlines tuvo que proponer a los acreedores un plan de reestructuración corporativa para salir del Capítulo 11.

 

Una empresa necesita un proceso de reestructuración corporativa cuando la generación de flujos de efectivo de la operación es insuficiente para cubrir sus compromisos de pago. El deterioro económico, en mayor o menor grado dependiendo de la industria en que opera la empresa, puede provocar una disminución de las ventas (ingresos) y/o un alza en los costos y gastos. Esto implica que las empresas deberán ser capaces de disminuir sus gastos y costos en relación con la disminución de ingresos o traspasar ese alza de costos y gastos vía incrementos en los precios. Sin embargo, en muchas industrias existen costos fijos que no pueden ser compensados en tan corto plazo. Por otra parte, la gestión de cuentas por cobrar y recaudación de flujos es otro elemento importante, ya que en tiempos de crisis se incrementa el riesgo de incobrabilidad sobre todo en empresas con un riesgo de crédito elevado. Estos elementos tienen incidencia directa sobre los niveles de liquidez de las empresas, factor fundamental del análisis de riesgo en tiempos de crisis, ya que puede afectar la capacidad de pago de las obligaciones más próximas.

 

El proceso de reestructuración corporativa consiste en una serie de iniciativas alineadas a mejorar el desempeño financiero, operacional y comercial de una compañía. La reestructuración debe buscar mejorar la estructura de capital, con objetivo de evitar la insolvencia inminente y que aseguren la viabilidad del negocio en el corto plazo, siendo el objetivo de mediano y largo plazo el restablecimiento de una estructura de capital saludable y sólida. Adicionalmente, la reestructuración debe lograr una mejora en lo operacional, que se mide a través del aumento de las utilidades. Esto se puede llevar a cabo a través de la disminución en la estructura de costos y gastos operacionales o el aumento en el desempeño comercial medido por el incremento en las ventas.

 

Por consiguiente, para que un proceso de reestructuración corporativa sea exitoso, los cambios deben realizarse a través de un meticuloso análisis previo, también conocido como planificación estratégica. Esta planificación se puede dividir en dos grandes etapas: (i) formulación e (ii) implementación. Por un lado, la formulación considera un ejercicio de reflexión que involucra a todos los integrantes de la organización, pero la responsabilidad y criterios recaen en el gobierno corporativo de la compañía. Este proceso toma entre 5 a 6 meses y debe ser finalizado antes de la reunión de Directorio que aprueba el presupuesto para el período en el cual se implementará el plan. Por otro lado, en la etapa de implementación el equipo gerencial debe ser capaz de ejecutar las acciones planteadas y velar por el cumplimiento de los objetivos estratégicos que son transversales durante todo el horizonte del plan estratégico. Las reestructuraciones son un proceso donde se estresa a toda la organización y por eso deben ser acompañadas con planes de apoyo de recursos humanos y de una clara estructura de compensaciones por el cumplimiento de objetivos para sus gerentes. Por ello, todo proceso de planificación estratégica focalizado en la reestructuración debe centrarse en crear valor corporativo, creando sinergias entre las diferentes unidades de negocio de la corporación.

 

Francisco Sánchez
Académico Depto. de Administración